
Los Encuentros en Santa Cruz, organizados por la Universidad de Valladolid desde el verano de 2019, se conciben como un espacio de diálogo y reflexión que reúne a profesionales de distintos ámbitos en torno a una temática común. Con un enfoque académico, transversal e interdisciplinar, esta iniciativa promueve el análisis de cuestiones relevantes desde múltiples perspectivas, favoreciendo el intercambio de conocimiento y la generación de pensamiento crítico.
Tanto la selección de las temáticas como la de los participantes se orienta a fomentar la participación de las nuevas generaciones, impulsando un diálogo intergeneracional que enriquezca el debate y amplíe las perspectivas en torno a los desafíos abordados. En esta edición reflexionaremos sobre el «Sentir».
Hay verbos que parecen sencillos hasta que uno trata de definirlos. Sentir es uno de ellos. Lo usamos para nombrar el frío en la piel, el dolor en el costado, el amor que asalta sin avisar o el país en el que se nació. Bajo una misma palabra cabe una tormenta de fenómenos distintos: lo que el cuerpo registra, lo que la conciencia interpreta y lo que la cultura nos enseña a reconocer y a callar. Esa es la materia que estos Encuentros de Verano en Santa Cruz se proponen explorar del 24 al 26 de junio, con una convicción de fondo: ningún saber, por sí solo, agota el misterio de lo que sentimos. Del true crime a la moda. Del humor a la muerte. Del miedo al deseo. El caso es sentir.
Sentiremos pertenencia, porque pocas emociones son a la vez tan íntimas y tan políticas: la fragua una frontera, una lengua, una pantalla o una infancia. Sentiremos culpa, ese resorte antiguo que la religión, el Código Penal y la conciencia individual llevan siglos disputándose. Sentiremos deseo, motor obstinado de la biología y materia inagotable de la ficción, capaz de mover una vida o de descarrilarla. Mediremos también el sentido humano de lo tecnológico, ahora que las máquinas empiezan a imitar emociones que considerábamos privativas de nuestra especie y nos obligan a redefinirnos. Y, para terminar, nos asomaremos al sentido de lo absurdo, porque toda inteligencia que se respete necesita aprender a reírse de sí misma antes de que la realidad lo haga por ella.
Para hacerlo hemos reunido a quienes piensan estas cuestiones desde lugares tan distintos como complementarios. Un fotoperiodista, una experta en cultura pop, un actor revelación y una artista. Un sociólogo de las religiones, una periodista de sucesos y un filósofo. Un genetista del cerebro enamorado, una escritora y un político. Una abogada que sabe los secretos de la seguridad digital, un experto en inteligencia artificial y un músico. Un humorista, un filósofo, un experto en la guerra y una maestra del humor.
La apuesta es ambiciosa: que la ciencia preste rigor al arte, que el arte preste imaginación al oficio, y que el oficio de quien escribe leyes, hace reír, o va a la guerra, recuerde a la ciencia que detrás de cada dato hay alguien que siente. Solo así, cruzando miradas, conseguiremos algo parecido a una conversación honesta sobre nuestra vida emocional. Tres tardes para sentir, en plural y en compañía."